1. NI QUE FUERA GRIPA
Dicen que en un pueblo de La Costa iba caminando un frescoleto, moviéndose a todo lo que daba, en medio de la plaza. Al verlo, uno de esos plebes que no faltan, le gritó: - ¡Oye paisano, ¿ya se te quitó lo puto!? El fresco lo volteó a ver, lo revisó de pies a cabeza y le contestó: - ¡Abrón, ni que fuera gripa!
2. ¡TÚ ESTÁS BUENO PA’ UNA CUMBIA!
Cuenta Martín Urieta, el famoso compositor michoacano, que cierto día llegó un fulano a pedirle que le compusiera un corrido, Martín quiso conocer algo de la trayectoria del individuo para ver si compondría o no el corrido y, en su caso, el tono de éste, así que le preguntó: - ¿Has matado alguna persona? El tipo le contestó: - No, a ninguna, ni siquiera sé disparar un arma. - ¿Tienes algún caballo? - No, ni siquiera sé montar. - ¿Has llevado algún “viajecito” al otro lado? - No, nunca he salido del pueblo. - ¿Eres mujeriego, juegas baraja, gallos o te gusta la parranda? - Nada de eso, con trabajos tengo novia y está fiera como la tiznada. Decepcionado, Martín le dijo: - Ira gallo, no te puedo componer el corrido porque no has matado a nadie, no te gustan los caballos, las viejas, las armas, los gallos, el trago, mero nada, ¡tú estás bueno pa’ que te componga una cumbia!
3. YO, NEUTRAL
En cierta ocasión, se pusieron a discutir Flavio Bermúdez, El Caporal y su esposa Cedalia, junto a ellos se encontraba Abraham, hijo de don Jonás Damián y hermano de Cedalia. Repentinamente, la discusión subió de tono y amenazaba con llegar a cosas peores. Ante tal situación, Abraham se acercó a Flavio y le dijo: - ¡Cuñado, si quieres chíngala, yo, pues neutral!
4. ¡PERO DE GUACHITO!
Un día iba caminando don Virgilio Ochoa en frente de la casa de Pepe La Bamba. Mariquita Núñez estaba barriendo la calle, en eso se tropezó don Vique y todo adolorido gritó: - ¡%ipe! Doña Mariquita, indignada le reclamó: - ¡Bueno Virgilio, ¿y esa palabrota?! Don Vique, queriendo disculparse, comentó: - ¡Ay Mariquita, dije %ipe pero de guachito!
5. ¡QUÉ RESIGNADA ESTÁS!
Cuentan que había en Zirándaro una muchacha que no se había casado porque decidió dedicarse al cuidado de su padre. Era muy eficiente y cariñosa. Sin embargo, con el paso de los años, el señor se hizo muy achacoso y cada día importunaba a su hija con dolores nuevos y a veces inexistentes. Un día, comentó: - ¡Hija, me siento muy mal, creo que me voy a morir! La muchacha, enfadada, contestó: - ¡Pues ni modo apá, es la ley de la vida, todo el que nace muere! Dios libre la hora, pero algún día se tiene que morir. El padre, triste y malhumorado, que esperaba ser chiqueado y no escuchar las palabras de su descendiente, manifestó:
- ¡Qué resignada estás, hija de la chi@#$%ada!
6. ¡LE PUSIMOS COMO TÚ A LA GUACHA!
Dice María de los Ángeles Pineda, mejor conocida como Lelus, que un día llegó al rancho a ver cómo iban las cosas por allá. Cuando descendió de la camioneta, Lelus fue abordada por la mujer del caporal, quien la saludó y empezaron a platicar. En eso estaban cuando se acercó una niña, hija de la señora que platicaba con Lelus. La señora le dijo a la menor: - ¡Ándale guacha, saluda a doña Lelos! Lelus preguntó: - ¿Esta guacha es tuya? - Sí. - ¿Cómo se llama? - Le pusimos Lelos, como tú. - ¡Arí, yo me llamo María de los Ángeles y me dicen Lelus, no Lelos!
7. ¡AH, NIMO!
Un día le preguntaron a una guacha: - ¡Oye tú, ¿es cierto que se murió tu papa?! Y ella contestó: - ¡Ah, nimo!
8. ¡TE VENGO A PAGAR EL AIGRE!
Cierto día, doña Elvira Rivera, famosa, entre otras cosas, por su mal carácter, su forma peculiar de hablar remarcando el sonido de la letra ere y por sus minifaldas, fue muy molesta a cubrir la cuota por el servicio de agua potable a la casa de Salvador Pineda Macedo, que en esa época era el encargado de cobrar dicho servicio. La molestia de doña Elvira se debía a que todos los días se iba el agua y cuando regresaba era un chorrito, además de durar muy poco. En casa de Chava Pineda fue atendida por la esposa de éste, Cele Bermúdez, a quien dijo: - ¡Celeste, te vengo a pagar el aigre, porque de la llave del agua lo único que sale es aigre!
9. ¡QUISE AGARRAR UCHEPO…!
Dicen que Abraham Damián es muy aficionado a las sexoservidoras y está muy pendiente de todas las que llegan a Zirándaro para ser de las primeros en conocer de sus caricias. Un día llegó una suripanta nueva a Las Cagüingas, le apodaban La Tarecua, así que Abrahamcito, ni tardo ni perezoso acudió a conocer a la hetaira. Se acercó a la chica, se tomó unas cervezas con ella y luego, luego le metió mano. Un rato después llegó al billar Pineda y cuando le preguntaron cómo le había ido con las puchachas, refirió: - ¡Pues miren, me le acerqué, le invité unas cervezas y cuando le metí mano abajo creí que iba a agarrar uchepo y encontré elote!
10. ¡ES COMO QUITARLE UN PERRO…!
Resulta muy difícil platicar con Jaime Cornejo Damián Pineda Macedo, mejor conocido como El Catato, porque es tímido cuando está en sus cinco sentidos, pero cuando ya entra en confianza es muy habliche y suelta una que otra palabra dominguera. Uno de esos días se estaba hablando de comprar unos uniformes para el equipo de fútbol de Los Pumas de Zirándaro; en virtud de que no se juntaba el dinero, El Catato le dijo a Enrique Ochoa Macedo: - ¡Pilinque, regálanos los uniformes, tú tienes harto dinero, es como quitarle un perro a un gato!
11. SE ME CAYÓ UN TEN. Un día de tantos, Alberto Medrano, mejor conocido como Beto Mantecas, el excelente portero de Zirándaro, iba en una camioneta con hartos guaches; venían del campo de fútbol; en eso, Beto empezó a gritarle al chofer: - ¡Párate, párate! El conductor preguntó: - ¿Qué pasó? El Mantecas agregó: - Es que se me cayó un ten. - ¡¿Un qué?! - ¡Un ten! - Y ¿qué es eso? El Mantecas desesperado le enseñó un tenis y comentó: - El otro de éste, un ten. - Pero no se llama ten, sino tenis. Beto, conteniendo una carcajada de burla, expresó: - ¡Áhale, si nomás se me cayó uno, por eso dije ten, si se me hubieran caído los dos, entonces sí serían tenis!
12. ¡AY UBLE, YA ME CANSÉ! Una noche, don Ublester Damián Bermúdez y otro amigo de Zirándaro fueron a un baile a Paso de Arena; la persona encargada del micrófono enviaba saludos frecuentes a los grandes hombres y amigos de Zirándaro. Al oír lo anterior, don Uble y su amigo se preguntaron qué otras personas de Zirándaro se encontraban en la fiesta; recorrieron la pista y descubrieron a otro zirandarense: Agustín Molina Rivera, quien se acercó a ellos y los saludó efusivamente. Temeroso de que Gute empezara a comportarse como homosexual, don Uble le dijo: - Agustín, ya oíste que nos han estado anunciando por el sonido como los hombres de Zirándaro, así que te voy a pedir que te comportes como todo un hombrecito. Agustín entendió y comentó: - No se preocupen, no tendrán queja de mí; aquí me voy a llamar Maclovio del Valle. Agustín se comportó muy bien durante un buen rato, al cabo del cual se acercó a don Uble y le dijo: - ¡Ay Uble, yo ya me cansé de fingir! A partir de entonces dijo que se llamaba simplemente Covo.
13. ¡PA’ LOS PELEADOS QUE HACES! A propósito de don Uble, dice éste que un día tenía que llevar un ganado fuera de Zirándaro, con la intención de venderlo, así que le dijo al Comisario: - ¡Dile a Pali, mi mujer, que me mande los tiros, porque me voy a llevar el rifle, para lo que se pudiera ofrecer! Minutos después, el mandadero llegó con tres balas, al verlas, don Uble se enojó y las tiró al suelo. Se marchó a cumplir con la tarea encomendada; al regresar y ver a su esposa, manifestó: - ¡Bueno mujer, ¿por qué me mandaste tres balas nomás?, ¿qué no sabes que llevaba el ganado y pude pelearme en el cerro?! Doña Pali, con su tono de voz pausado, contestó: - Eh Uble, pa’ los peleados que haces.
14. ¡ESO ES COPA, BONITOS! Armando Pineda, el hijo de Polo el de Los Pozos, iba feliz porque estaba estrenando huaraches. No se cansaba de mirarlos. Caminaba, precisamente de Los Pozos a Zirándaro. Contemplaba su calzado nuevo y reía de orgullo y satisfacción. Iba bien fachoso. Pisaba con mucho cuidado, no quería que los huaraches se le ensuciaran de lodo o de polvo. Más adelante en su camino se encontró con un arroyo, así que ni tardo ni perezoso se descalzó para no mojar los huaraches nuevos, estaba a punto de salir del agua con los huaraches en una mano, cuando se tropezó de fea manera con una piedra; el golpazo le “descopetó” el dedo gordo de uno de los pies y enseguida brotó un sangrado abundante. Al ver esto, Armandito, entre adolorido y aliviado, dirigiéndose a sus huaraches, exclamó: - ¡Eso es copa bonitos, si no me los hubiera quitado el fregadazo que se iban a llevar!
15. ¡ARÍ TAN CAROS! Una mañana, doña Elvira Rivera fue al mercado a comprar el mandado. De regreso pasó al puesto de su sobrino Natalio Rodríguez, Talo, y le preguntó, con su estilo inconfundible: - ¡Natalio, ¿a cómo das los ajos? Talo contestó: - A veinte centavos tía Elvira. La señora Rivera, al conocer el precio y ver que los ajos estaban chiquitos y arrugados, manifestó: - ¡Arí tan caros, están más grandes los tupos de mis chiches que tus pinches ajos!
16. ¡ES UN HOMBRE MUY SALUDABLE! Antonia Santana Bermúdez, La Picona, y Javier Pineda Bruno, hijo de El Indio, conversaban animadamente. En eso, pasó junto a ellos el contador Virgilio Bermúdez, hijo de Pepe La Bamba, quien los saludó, como siempre, respetuoso y alegre. Al verlo que se alejaba, La Picona, expresó: - ¡Ese señor me cae muy bien, es muy saludable porque donde quiera que te ve te saluda!
17. ¡ORA ACABA! Una noche, hace muchos años, Claudio Ortuño, El Ranchero, tenía muchas ganas de ir al baño, pero aún estaba muy lejos de su casa. Al ver que no iba a llegar y debido a la soledad del lugar, decidió defecar ahí mismo. Se encontraba en el portal de La Fama, la tienda de don Eduardo Pineda. El Ranchero se bajó el pantalón y los calzones y empezó a pujar, para entonces ya tenía en las manos las piedras con las que se iba a limpiar. Iniciaba su labor cuando se percató que se abrió la puerta de la casa de don Eduardo y salió éste. Al verlo, el señor Pineda preguntó, con su tono de voz pausado: - Bueno guache, ¿qué estás haciendo? Claudio contestó: - Es que l’amo, me dieron ganas de zurrar y no me pude aguantar, pero ahorita me quito. Don Lalo agregó: - ¡No, pues ya empezaste, ora acaba!
18. ¡NO SE DICE JOJÓ! El mismo Ranchero, muy aficionado al fútbol, acompañó una vez al equipo de Zirándaro a Huetamo, Michoacán, donde iban a jugar un partido de liga. Al llegar, los jugadores tenían mucha hambre, así que buscaron qué comer, pero sólo encontraron un puesto de hot dogs. La mayoría le entró a los famosos perros calientes. Entonces, El Ranchero le preguntó a Beto Mantecas: - Beto, ¿tú no vas a querer jojó? El Mantecas no se aguantó la risa y burlándose le dijo: - ¡Ah como eres cresta mero, si no se dice jojó, se dice joqueis!
19. ¡PUES FAUSTA! Una noche en el jardín de Zirándaro, Javier Pineda Bruno le preguntó a Felipe Estrada Damián: - Oye Felipe, ¿tú sabes cómo se llama La Güera Fausta? Felipe contestó: - ¡Cállate, ni modo que no sepa cómo se llama La Güera Fausta! Javier replicó: - Entonces, dímelo. Felipe manifestó: - ¡Espérame, ahorita me acuerdo! Felipe repetía en voz baja: - ¡¿Cómo se llama La Güera Fausta?! Javier, divertido, esperaba, mientras Felipe decía: - ¡No es posible que no me acuerde cómo se llama La Güera Fausta, si es hasta mi vecina! Finalmente, Javier cuestionó: - ¿Qué pasó, no te acordaste cómo se llama La Güera Fausta? - No, pero sí sé. ¿Cómo se llama La Güera Fausta? - ¡Pues Fausta!
20. ¡ME DA UNOS CIGARROS! Por allá de 1972, Emigdio Núñez García, el famoso Mito, sufría los cambios propios de su edad, puesto que estaba entrando a la adolescencia. Uno de los cambios más visibles era la voz, que a veces le salía todavía aguda y otras grave, ronca. Un día fue a La Fama y al acercarse al mostrador dijo, con voz ronca: - ¡Me da unos cigarros… En ese acto se le puso la voz aguda y agregó: - … y unos cerillos! La dependienta estaba distraída, así que fue a surtir el pedido. Instantes después, le entregó los cigarros a Mito y preguntó: - ¿Dónde está el guache que quería los cerillos?