Escritores Huber Macedo Zirandaro el Pueblo

Ziranda higuera inmortal signo tarasco de mi pueblo representas la libertad, lo noble y lo preciso eres el testimonio que nos ubica el símbolo de nuestra procedencia donde habitan los cantares que nos identifican y transmutan nuestras costumbres. Zirándaro pueblo y patria el solo mencionarte nos conserva nos ilumina como si fuera una obsesión tu nombre visto por el perfil de tus hijos eres un solo tronco familiar el árbol genealógico de los etigmas que se abrió en 14 ramas nacido de dos sepas divergentes José Francisco Pineda y María Gertrúdis González meramente evocados como los patriarcas de la comarca aunque ahora solo sean recuerdos.

Zirándaro ¿cuántos de tus hijos fueron menos importantes? y salieron llorando de tus entrañas muriendo de nostalgia al planear su regreso hojarascas arrastradas por el viento héroes anónimos que hoy lamentamos como irremediable su pérdida ráfaga que la memoria sacude las víseras y enlutese el alma en el palpitar del pueblo de las saibas. Pueblo nuestro salí como un desconocido de tus lares habiendo habitado la planicie de tus llanos emigré a la región de las alturas buscando nuevos destinos lloré con la humillación de aquellos cerros me entristecí con la exaltación de tus dos ríos junto al niño que se iba en mis batallas vestías como todo un guerrero resucitabas en cada sueño me envolvías, me arrastrabas en la nostalgia en mis victorias aparecías a mi lado izquierdo después me embriagaba de ti como una emoción cotidiana uniendo el recuerdo de ayer y ante tu natural manera de ser fui labrando mi alma en comunión profesé tu nombre como religión sin hablar de sangres porque soy de los que sueñan en el retorno sin fiarme demasiado por si entonces no estuvieras vivo para mi. Zirándaro veo recostarse sobre tu manto azul el espectro de Edmundo Macedo iluminado quizá por mi regreso aún es temprano para volver deja arrepentirme deja cerrar los ojos otro rato permíteme tocar la herida que yo comparto tus dolores no fui justo equivoqué mis pasos la emoción del ser me llevó por sus caminos descrubrí el mundo a pedazos fui un pueblerino solitario que aprendió luchando y en su vuelo entreabierto como los antiguos zirandarenses derramé tu canto. Zirándaro rincón lleno de cicatrices donde el sol planta sus rayos buscando en la luz tu nuevo destino tus casas blancas se descarapelan se hacen viejas por el tiempo nuevo rien uno a uno tus mejores momentos como un espejismo de ilusión continua el pasado se confunde en un instante como una ola de calor de mayo mientras en el río se escuchan los latidos de aquella época enamorada la misma que se esconde en los pozos de agua se deja sentir a esa hora de la mañana en que los pericos hablan y la tarde bosteza en mi recuerdo.