Bienvenidos a Zirandaro.com

EL PUEBLO CONSENTIDO DE TIERRA CALIENTE

HUBER MACEDO


BAILES, SERENATAS Y LUNADAS


Bailes.Era muy pequeño cuando escuché a mis padres mencionar la palabra “sarao” (fiesta con música y baile que se realiza en la noche), desde antes de ellos y sus abuelos la gente cantaba a la luz de la luna o de un aparato de petróleo con o sin guitarra era el desfogue del alma y en algunos el llanto a la pobreza que se vivía en ese entonces, esas bellas canciones fueron trasmitiéndose de generación en generación incluso hasta llegar algunas de ellas a nuestros días como: “mariposa de alas de oro, Chula” entre otras, entonces en el pueblo de Zirándaro, se organizaban fiestas familiares a la luz de la luna en los patios de las casas, donde los cánticos se escuchaban hasta el monte y a las orillas de los ríos.Así también, hacían fiestas con la banda del pueblo, la cual tocaba los domingos en el kiosco de la plaza, en los toros y las fiestas de San Agustín como no, la cual estaba integradas por algunos filarmónicos que me acuerdo mi papá entre ellos, mi tío Albino Macedo, Marcelino Gaona, Melitón García, Taide “El Mariachi”, quien además era el cantante, mi tio Daniel Damián, Enrique Navarro “La Pompa”, así como todos “Los Chitos” hijos de Don Sixtos García, Ángel, Rufino, José y otros que ya ni me acuerdo.Posteriormente, las organizaban con bocina activada por un motor de gasolina, en la que los novios anónimos dedicaban sus canciones a las guachas que intentaban pretender o mandaba recados repetidos por el dueño de la bocina como: “ésta canción va dedicada para una muchacha que baja seguido con un cántaro mocho al pozo de agua que la escuche palabra por palabra porque en ella le dice lo que siente”; sin embargo, también habían anuncios para los novios como ese que dice; allá te espero saliendo de misa debajo de la “Parota” como quedamos aquél día por más señas voy a llevar una flor de “Poporo” en la oreja derecha y que se acuerde que el motor gasta “gasola”, eso para que el novio pagara el recado.Fueron muchos los bailes que se realizaron de esta manera y en la calle hasta que llegaron las orquestas como la de Don Albino Macedo que causó furor en su tiempo y dicen que incluso hubo un salón de baile instalado en lo que fue un cine, en el terreno pegado a la casa de Doña Pachita Arellano.Recuerdo que al principio hubo una planta de energía que daba luz hasta la media noche incluso se preparaba la gente con velas, veladoras y aparatos de petróleo que era indispensable en cualquier hogar, para alumbrarse, después de que se iba la luz.Con la llegada de la electricidad también lo hicieron los radios, los cuales causaron asombro en su momento entre la población pues se dejaban escuchar aquellos viejos programas de la “XEW”, “XEQ”, la “B” grande de México, la estación de Monterrey y otras, nadie se perdía las radionovelas como: “Una Flor en el Pantano”, “Chucho el Roto”, “Kalimán El Hombre increíble” y muchas más que ya ni recuerdo.Igualmente, con la luz llegaron los instrumentos eléctricos y los grandes bailes con ellos, baja a mi memoria en este momento los primeros grupos musicales que llegaron a Zirándaro, “Chucho Cárdenas y su Órgano Melódico junto a Chema el baterista, “Tropical Altamirano” con el “Sinfonías”, “los Pajaritos de Tacupa”, “Los Pérez de Morelita”, “Cervantes Show” y otros que se me escapan.Con estos conjuntos tuvimos grandes bailes en la cancha de la escuela vieja, en el jardín, en las oficinas de Recursos Hidráulicos y muchos en las mismas calles, en los cuales se cobra distintivo para poder bailar y las cervezas y el refrescos costaban un peso, además la gente iba nomás para ver los vestidos que llevaban las muchachas las cuales siempre estrenaba al grado que en Coyuca y Altamirano rumoraban diciendo “no sé cómo las guachas de Zirándaro no tienen para comer pero estrenan vestido siempre que hay baile”.Después llegaron a ir a Zirandaro, “El Acapulco Tropical” y “Los Felinos” creo eran esos u otros parecidos, fue entonces que surgieron en nuestro pueblo el grupo “La Rubiela”, “Las Estrellas del Pacifico”, “Banda Citlalli”, posterior a ellos otros más pero esa es otra historia.Luego les cuento lo de las serenatas y lunadas…

LA GENTE DE ANTES

​La gente de antes nacía de 9 meses, era muy raro ver un sietemesino, no se les decía bebé, ni nene, se les decía papa o guache, no se les ponían pañales, sino mantillas, se les acostaba en cunas de cueramo y mecates colgadas de algún morillo, no se les ponía música clásica para que durmieran, sino que se les cantaba “la señora Santana o a la rruche-rruche duérmase mi niño patitas de cuche”, no se les daba papillas, sino frijoles aguados con tortilla remojada, no se les daba mamila, ni chupón se la llevaban con pura mamadera de dedo o si acaso un pedazo de trapo, no se les ponía loción o perfume, sino que los bañaban con hojas de ahujote machacadas o con jabón de olor (colgate clásico), no se les cortaba el pelo hasta después de un año, para que no les diera murzuzuela, (es decir que se les enfriara la mollera), los guaches entonces caminaban antes del año porque tenían las piernas bien fuertes de tanta tortilla de maíz (natural) que comían y hablaban bien pronto porque la mayoría comía tierra (pedazos de adobe de las paredes de las casas y a veces un sope de maza aguada, cara de loro), los guaches de antes eran unas chivas como comían yerbas, chipil, sánchicua, hojas de ciruelo y de tamarindo con limón y sal, cañutos de surundanico, y de guajes, atuzes, vaínas de mezquite, pápalo quelite, quelite, verdolagas, flor de calabaza, y no se diga de la fruta silvestres, capires, nanches amarillas, coloradas, de perico y de perro (atatos), huicumos, bonetes, tumbiriches, corongoros, pinzanes, almendras, chirimos, chucumpuces, atole de sopas de tortilla, chile con sopas (encuentro o matrimonio de amor), combas con capón, caldos de iguana, de res, mojarra o camarón real, frijoles puercos, memelas, gorditas de manteca, toqueres, uchepos, pochómata, chúmata y manácata, carnitas chicharrones, quesos, requesón azadera, aporreado de venado, leche bronca y leche dura, chorrillo, pipitorias, panochas, piloncillo, pabellones, diablitos de menta, fruta de horno, arepas, cuches, hojarascas, besos, trompadas, alamares, chilindrinas, mangos, cocos, guayabas, papayas, melones, sandías, cañas dulces, por eso la gente de antes no se enfermaba casi de gripa. La gente de antes no usaba zapatos usaba huaraches o andaba descalza, no conocía los carros, a cual más andaba en burro que era en ese entonces el lujo más barato, antes mirabas al cielo y no veías aviones sino zopilotes dando vueltas en pos de un animal muerto, los guaches no tenían bicicleta, se transportaba en un palo de escoba que era su caballo, el cual constaba de un pedazo de mecate amarrado en la punta que eran las riendas del mismo; antes se usaba ropa de manta y borrego colgado al pie del tupo, La gente de antes tomaba agua de los pozos del río; casi toda la gente se llamaba José y María y no como ahora, Jessica, Monserrat o Jhonatan, se bañaba todos los domingos y se ponía sus mejores garritas para ese día, la gente en lugar de coñac tomaba mezcal, calientes o chorreados. La gente de antes usaba paño, peine espejo para presumir que era elegante. Antes la gente dormía en petates, camas de mecates o de otate y algunos en hamacas y de colchón ponían un cuero de venado o de vaca y se salían a los patios de las casa para aguantar el calor pues no había luz eléctrica y menos se conocían los ventiladores, cuando hacía frío se cobijaba uno con gabanes o con las cueras de los vaqueros, se usaba el morral colgado al hombro, la gente en todos lados saludaba por donde pasaba dando los buenos días, las buenas tardes o la buenas noches hoy tal parece que la gente es muda pasa sin hablar. Antes la gente ingería alimentos del día ya fueran carnes, verduras, legumbres o frutas, hoy sólo consumen pastillas, cápsulas, píldoras que según dicen contienen todas las vitaminas que necesita el cuerpo humano. Antes la gente se dormía temprano y se levantaba al canto del gallo o del reloj de la iglesia hoy se acuestan hasta que termina el noticiero y se levantan con música del despertador. La gente de antes no tenía reloj, se basaba en la sombra que iba dejando el sol. La gente de entonces acostumbraba a darle a los hijos o ahijados una moneda a la cual le llamaban domingo, era una ley no escrita que se respetaba comúnmente, hoy se ponen sus pants par ir a correr y a los hijos se les da carro para pasear. Las mujeres de ante no usaban pantaletas sino calzones de pretina de esos floreados a los cuales les tenían que dar dos vueltas a fin de traerlos bien amarrados para que no se les cayeran, no se les decía brassier sino chicheros, que esperanza que las mujeres de ese tiempo se imaginaran que iba a existir siquiera los tops o las minifaldas con tamañas nahuas que usaban, además no se pintaban tanto como ahora, las mujeres de antes sólo usaban concha nácar, pomada de la campana para limpiarse el rostro y andar bien relucientes, solo aquellas que tenía con queso las gordas usaban colonia de flor de azhar de Samborns y en lugar de desodorante se usaba limón en los sobacos o las arcas, las cuales hoy se les llama axilas. Antes se le llamaba fijapelo hoy se le dice gel. En ese tiempo las películas se proyectaban en pantallas hechas de manta de las talegas de arina, hoy hay DVD v las pantallas son de plasma. Antes se bañaba uno con jícaras o sacuales hoy lo hace uno en regaderas con agua tibia o caliente, antes el chile se molía en molcajete hoy en licuadora, se usaba la plancha de brazas hoy la vaporella, se cocinaba en fogón hoy en estufa y se utilizaban ollas de barro hoy de teflón, entonces se ponía nixtamal para la maza de las tortillas hoy ya las venden hechas, pues el metate se cambió por la tortilladora, antes se tomaban las aguas frescas de frutas, hoy se toma el Gatorade, antes existían las natas de la leche hoy existe la crema. Antes los guaches jugaban los encantados, el bote pateado, los pozos, el beli, la pelenche, las escondidas, la guina, la roña, el burrión, burrión, las cebollas, el trompo, el balero, el columpio hoy, el X-Box, Sony Play Statión, el Nintendo 64 y demás juegos de video. Antes uno se comunicaba por carta hoy por E-mail. Antes la gente se bañaba desnuda sin pudor alguno hoy se ponen traje de baño. Entonces la gente se colgaba un escapulario o collares de semillas de pinzanes para que no la espantaran los brujos, hoy ya no creen en ellos. A la gente de antes no le gustaba pedir prestado cuando no contaban con dinero, ahora existen las tarjetas de crédito y todo mundo vive endeudado, antes se sentía respeto por la moral, hoy no se siente, ni se ve el respeto y menos la moral. La gente de antes hacía de las aguas hoy orinan, también hacían de sus necesidades hoy obran, se limpiaban después de hacerlo con jilotes, tepalcates o piedras hoy lo hacen con papel sanitario. Antes se iba al avío o al mandado hoy se va al súper a la despensa. En ese entonces para enfriar los refrescos se enterraban en arena y se les echaba agua hoy se metes al freezer, además la comida se guardaba en zarzos hoy en alacenas, para calentar los alimentos se ponían en el fogón hoy se calientan en hornos de microondas, para el dolor de cabeza antes se ponían unos chiquiadores de charamasca con vickvaporub a un lado de las sienes o se tomaban un mejoral, hoy usan ácido acetíl salicílico, para el dolor de panza, deposiciones, diarrea, chorro, seguidillas se le ponían unas lavativas de hojas de cuhaulote con muicle hoy se usa pectobismol, antes se empleaba el arado hoy el tractor, antes se usaba la carreta hoy la troca. Antes se comían las empanadas hoy la pizza, antes se usaban lo chuchos con sal hoy la hamburguesa, el chile en molcajete hoy la salsa chimichurri y la Tabasco, antes e comía con la mano hoy con cubiertos, antes se bailaba al son de la bocina con motor de gasolina hoy al ritmo de los MP3, antes se respiraba un aire limpio y de tranquilidad hoy se respira smog y mucha violencia. Antes había conejos hoy hay coyotes, entonces había gente inteligente hoy hay personas astutas. Antes vivíamos confiados hoy vivimos desconfiando de todo.

LOS EVANGELISTAS

​ El domingo era el día más importante y más esperado de la semana, ya que toda la gente se ponía muy verdad de dios, se bañaba y se ponía sus trapitos más elegantes para ir a misa, no sin antes ir a la plaza, donde arriba del quiosco tocaba la banda canciones del siglo antepasado, me recuerdo que las muchachas daban la vuelta al jardín en espera de que algún pretendiente se les acercara, para ello llevaban un flor, la cual dejaban caer si el galán en turno les agradaba, sino pues terminaban por marearse de tanta vuelta que daban.La gente estaba pendiente de la última campanada par dirigirse a la iglesia, las muchachas elegantemente vestidas siempre estrenaban ropa ese día y si en la noche había baile también estrenaban, es el misterio más grande que existe en Zirándaro, ya que en toda tierra caliente no se explican ¿cómo le hacen las guachas de allí, para estrenar cada vez que hay baile? se rumora y dicen “en Zirándaro las guachas no tendrán para comer, pero que tal para vestir”, pienso que por eso somos tan presumidos y por ende orgullosos aunque algunossomos como el Borrego de Tío Lucas “huevones y corajudos”. Posteriormente, una vez ya ubicados en misa, el silencio se dejaba escuchar y el olor a copal se dejaba escapar por todos los rincones de la iglesia, al son del coro de las tres Marías, María Mendoza, María García y María Gaona, coro celestial que al recordarlo me hace llorar, tanto como entonces, con esos cantos gregorianos como ese que decía “Adiós reina del cielo, madre del salvador, adiós ¡oh madre mía! Adiós, adiós, adiós” que me provocaban un nostalgia tal que me llegaba un vacío en el estómago y luego empezaba a chillar; el respeto inundaba el recinto, pero el mismo lo imponían los Santos evangelistas Juan, Lucas, Mateo y Pablo, pintados (según se dice por Trinito, aquél sacristán que llegó al pueblo con el padre Pedrito) a todo color en el interior de la cúpula que tenía la iglesia de San Nicolás de Tolentino, nuestro santo patrón, quienes aparecían entre las nubes del cielo con un libro en la mano, es decir, con los santos evangelios, con sus túnicas originales con frases escritas en latín, sus miradas se imponían ante cualquier feligrés de la comuna, eran los jueces implacables a los cuales no les podías mentir, no había dudas ante ellos, todo mundo les rendía reverencias con su sola mirada juzgaban tus faltas, fueron los guardianes del orden espiritual que reinó en aquél entonces. Por mi parte, recuerdo todavía cuando en época de vacaciones me subía a las torres de la iglesia, para ver el atardecer, me llevaba un refresco congelado y dejaba a propósito los cigarros para no faltarles el respeto a los santos evangelistas, ni mucho menos podía acercarme a contemplar la cúpula por dentro, era una irreverencia, un atrevimiento insolente que podía ponerlos “érritos”, es decir despertar su ira y por ende podían mandarnos un castigo irreparable; sin embargo, como olvidar aquellos atardeceres arriba de las torres, recuerdo aún como el ruido se perdía justamente con la luz, en la penumbra de la pila del bautismo o corría a meterse al pasadizo en el que dormían los murciélagos, el cual conducía a la construcción del tapanco en el que se ubicaba anteriormente el coro, ya que nuestra iglesia es semejante a la de Purechucho, Michoacán, misma que conserva aún esa estructura, salvo que le falta una torre para ser idéntica a la Zirándaro, situación que mucha gente desconoce; además de que mi abuelo Edmundo Macedo Ugarte, quien era escultor, labró un San Nicolás de Tolentino en madera que regaló a esa localidad Michoacana, el cual se ignora donde quedó; pues como les decía cuando me hallaba en la azotea de la iglesia veía como se movían las enormes olas verdes de las frondas del llano, contempladas así por arriba de las copas de los árboles tupidos que por los meses de julio y agosto cobraban una realidad imponente, más lejos se extendía el panorama de la campiña, de las calles, de las casas de zirándaro, las cuales parecía que se lanzaban hacia el Cerro del Campo, coronado de laderas y de nubes por ese tiempo, las parvadas de patos y garzas capoteando el viento y cambiando de dirección a su antojo, contrastaban con las de tindillos y tordos; la luz de la tarde elevaba el cinturón de montes azulados cubiertos por el velo de la calma, donde la brisa de los dos ríos ondulaba, hundía allí la mirada durante breves segundos pues la naturaleza misma me jalaba, brindándome una paz espiritual inexplicable.Así  las cosas, nadie sabe a ciencia cierta como desaparecieron los santos evangélicos del mural que los guardaba, quizás fue la humedad de la cúpula o el capricho de algún sacerdote adscrito, el caso es que hoy en día, nadie más que yo los recuerda aun cuando hayan muerto en el olvido.

LOS ARRULLOS

​A tiempos tan lejanos del presente, cuando se iba con canasta al mandado, en fogones se asaba la carne de venado, había camarón también pescado, tiempos ha en que el licenciado González era el hacendado y nosotros proyectos ovulados, quien podrá rememorar aquellos tiempos que hoy se van de lado, en que había nanas pa´cuidar los guaches, a los que daban tetera y vil pecho para ser amamantados, aunque a algunos se les daba pochómata o atole de tortilla por eso siempre se pasaban empachados, pero estaban gordos y bien creados, les ponía chiquiadores de charamasca con vaporub para los resfriados, para que no les diera murzuzuela (enfriamiento de la mollera) le ponían un paliacate colorado, en lugar de pañales les ponían mantillas limpias cuando estaban bien rosados, reminiscencias del pasado. Como olvidar aquellas cunas de parota o de cueramo, colgadas de un horcón con mecates, con sus pequeños barandales macizos, instaladas al pie de las king sizes de otate que había en cualquier casa grande, las cuales servían de herencia a la sarracuatera de hermanos que precedían al junior (primogénito de cada familia jodida) y que incluso después de ese uso, se regalaban a algún vecino que la requería. Quien habrá tenido nana de esas que usaban las nahuas floreadas y esponjadas y se cotoneaban al cargar el guache que cuidaban, pero entonces no les decían nanas, se les conocía como criadas (de crío), ahora se les dice ama de llaves o la muchacha (aunque estuviera vieja se le dice muchacha) fueron esas grandes madres criadoras las que nos arrullaron con sus cánticos maternales los cuales al paso del tiempo se han ido perdiendo, por lo que quede aquí esas canciones de cuna e infantiles como un recuerdo de un pasado no lejano, quien podría olvidar a “...señora Santana por qué llora el niño, por una manzana que se le ha perdido....”, “duérmete niño, duérmete ya que hay viene el cuco y te comerá”, “ ala rrurro rurro a la rurro rra, duérmase mi niño, duérmase me ya, a la ruche ruche patitas de cuche a la rurro rurro patitas de burro”, “chiquichiriqui” el sinsinduqui rrinduquirindá”, “las guilotitas pararon en un Cirián vuela, vuela se las llevó el gavilán”, “tantos y tantos los ratoncitos, tantos y tantos y tan bonitos”, “pin pon papa, necesito pa la papa, pin pon pon, necesito pal jabón”, tortillitas de manteca pa mamá que está contenta, tortillitas de salvado pa papá que está enojado”, “pin pon es un muñeco muy grande de cartón se lava sus manitas con agua y con jabón”, estaba la pájara pinta sentada en su verde limón con el pico, picaba la hoja y con la cola meniaba la flor, ay, aya ay cuando te volveré a ver...”, a la rueda a la rueda de San Miguel, San Miguel, todos cargan su caja de miel, a la maduro a lo seguro que se voltee el guache de burro, una mexicana que fruta vendía, ciruela chabacano melón y sandía, “burrión burrión, señor, señor...” y por último las posaditas “la jornada ha sido larga la noche se acerca ya, anda ya arriba del paso la población cerca está, seguimos cara adelante, alguna pobre posada, cuyo hospitalario techo, os libre de la nevada...” y otras tantas más que ya se perdieron en la memoria, canciones inolvidables con las cuales nos nació el cariño, hay otras con las que nos brotó el amor, como las de José Varela:   

MI ABUE

​Aquellos años felices de la infancia compartida han hecho de esta mi vida mis mejores cicatrices. Y porque son mis raices las venas que riegan mi alma, he tratado ed agrandarla creciendo a punta de todo. Es por eso que mi modo no conoce otras maneras, yo nací en la pedregueras de aquél Río de las Balsas. Por eso, no tengo traza, el viento es mi compañero; a nadie debo dinero, orientación o sustento. Yo solito me alimento comiendo puros recuerdos; se han ido los sueños negros, ya toditos están muertos en las aras del infierno. pero me queda la imagen, esa que hace que me raje, que alborota más angustias, por eso mi cara mustia refleja arrugas de viejo. Pero es la luz del reflejo que señala a ciencia cierta y deja la puerta abierta pa´los que llevo en el pecho. Ziránadro es mi techo, su gente mi parentela, fue la herencia de la abuela, Doña Jesusa Rivera, más bien ella era Pineda, ya que aparece en la lista y si se pasa revista aparece junto a todos. Yo quiero de todos modos, renombrarla si es preciso, ya que la suerte así quiso de que fuera yo su nieto. por ello me pongo quieto cuando la escucho nombrar, empiezo a rememorar que le decían la Patrona, porque era muy regañona. Pa´algunos era la Jefa, famosa pues por su trenza, de oficio fue vinatera, nunca lo supo negar. Pero ella sabía ayudar a todo el que lo pidiera, fue dura a carta cabal; esposa de un militar. Con nadie tuvo problemas porque se guiaba por lemas. ¡No te metas con ninguno si quieres llegar a viejo! decía siempre la abuela. ¡Es mejor ser cosa buena y llegar paso por paso! ¡Fíate de tus brazos que te darán de comer! ¡Para poder aprender hay que pasar la tormenta! ¡La vida es toda una ciencia que se aprende con los golpes! ¡No vayas al trote porque se acban tus fuerzas, y aunque mucho te retuerzas has de aprender ed esta forma! Por eso se me hizo norma, la dureza de mi abuela. ¡Como deseo que estuviera sentada en aquél rincón donde tenía el mostrador pensativa, adivina y cierta oyendo lo que le cuentan! Rayna absoluta de la peña o haciendo ya alguna seña para espantarse los moscos con unos gestos tan toscos. Saboreando su cigarro con hilo de blanco humo sin dejar caer la ceniza hasta el final de la braza. La recuerdo en esa casa con su largo corredor, donde fui mercedor de algunas cuantas caídas. Jugando a las escondidas me daba algún tropezón que llamaba su atención si a caso salía sangrando, pero ella siempre alegando maldecía mis travesuras. Y sé que por mis diabluras la sacaba yo de quicio nunca me formó un juicio ni sentenció mi inquietez. Por eso será tal vez que su justicia valoro, ¡si supiera que le lloro cuando su ausencia me copa! Pero es un ansia tan loca que me da si la recuerdo será que nunca la pierdo o que ella nunca me deja. Lo que sé, es que esa vieja me jala aunque esté sereno o será que soy muy bueno porque siempre me hace falta. Pero al estar ella tan alta no la alcanza mi recuerdo. Aquí quedan estos versos que prueban su gran historia, son hechos en su memoria y en honor a su valor. Heroína de mi cuento no pasas desapercibida, eres parte de mi vida, de mi sangre victoriosa. Eres la madre Diosa de la familia que somos. Y yo digo que todos te llevamos con certeza porque fuiste la cabeza y la que nos dio el origen. Por eso es que siempre vive tu gran imagen serena, el ser así es cosa buena, lo pienso; también lo vivo. ¿será tal vez que por eso soy parte de los Rivera? otros se ponen Pineda, pero que más da la cosa si la familia es una u otra somos la misma ziricua. La mata nació huiquica aunque estemos regados algunos más bien fregados y otros librando la cerca. Somos todos gente necia alegre y muy divertida, disfrutamos de la vida y como cualquier buen vecino enfrentamos el destino que nos diste ¡Oh gran abuela! Aquí llevamos la estela que dejaste en tu partida, también tenemos la herida pegada como apellido. ¡Jamás nunca yo te olvido! pues levantaste de piedra el palacio que fuera mi cama y la cofradía. Así fue la suerte mía que me enseñó la textura de enfrentar siempre las culpas o el tiempo que a veces hurtas. El que perciba el prodigio de tenerte entre nosotros pues sé bien que son muy pocos los que detienen tu instante, tendrán tu amor incesante que aún late iluminado fervor que nunca se apaga ni habrá de retroceder que aunque apresura el olvido siente tus finos latidos que el pasado nos salpica. ¿Será el miedo que me achica y alborota ya mi angustia? ¿Será ya tu llana ausencia que en lo eterno te tendré? Como reseñar y ser testigo de todo esto que te digo, si me duele tu recuerdo ante este mundo diverso. Mi siempre arrulladora, mi progenitora, mi siempre viva, mi vigente amiga, la más viejita, mi solamente abuelita.                                                                    

LETANIA DE UN ZIRANDARENCE

​ Zirándaro, me persigue la sombra de tu nombre pueblo patrio, lugar donde la saibas nacen solas, tu historia se desgrana como un monte de recuerdos que las garzas tráen a su regreso, se meten por la sierra, se escapan y escurren por el Río de las Balsas, se bañan en su corriente y luego salen dos metros arriba, como vagre saltando a la memoria. No cambio tu morada por Europa, ni tu entorno por dinero, nada es comparable con tu son que me hace bailar de puro gusto, no abandono tu rincones, ni la casa donde habita el recuerdo de mis parientes todos, donde el buen amor siente la nostalgia como tarde peinada por el viento, no olvido el perfume de tu tierra, ni el tranquilo rumor de los pinzanes, ese aire suave y dulce que se monta en el remolinito de corolas que hacen las flores de los cueramos, que atónitos contemplan los pájaros felices del entonces. Ayer me fui, nos fuimos, abandonamos ese huerto que entonces era paraíso, calles de polvo y sahuanes incompletos, salimos al gruñido de las tripas, ofrendando los brazos como espada, con el rostro sin color como deudores, porque el que no es nada, los días le llegan rengos, sólo hay caminos para pasear el hambre, paredones profundos de consuelo, hay nanches de perro para el olvido, y una quinta de mezcal para el alivio, nada es comparable a la miseria, ni un día de comida buena, el que come puro no se llena, y el que no siente no se queja, ese lago de ceniza no se apaga, es la saliva que moja la garganta, deja al entendido en sus razones, al labrador en su tarecua, a los políticos en la sombra, a los arrastrados en su cuinda, y en una peña apartada los que siguen a los Dones. Es mejor admirar tu paisaje, la luz última del día, la cola punteaguda del arado, la tierra abriendo el paso de la yunta, el confín donde la luna cuelga, escucha el aire, como, sin pedírselo alienta la tarde apenas en asomo, desde el cerro del Campo en que se sienta a contemplarnos. Zirándaro de los Chávez, no descuides el árbol de la Saiba, oye los zanates entre las ramas traman el día perfecto para enterrarte, contemplan tu futuro en la ventana esperan que el viento se lo lleve, cuando soplen las brisas del fastidio buscando agujeros en tu entorno, acabarán con tu natural nobleza, se apoderarán de tu corazón que era mi único tesoro. 

¿SABES COMO CRECEN LOS ARBOLES QUE DAN FRUTO?

 Soy una más de muchas semillas que germinaron a pesar de haber sido sembradas por el viento, una triste semilla que no tuvo más cuidados, ni esmeros que los del temporal, nadie se acercó a podar sus ramas cuando estas empezaron acrecer, brotaron en bruto apuntando hacia el sol porque era lo único que iluminaba en ese tiempo, se mantuvieron erguidas solamente por orgullo, aunque no se si fue por necesidad o por competir con los árboles más grandes y mayores. Todos buscamos crecer, rebazar el límite permitido y empezamos a encumbrar la cuesta arriba. Nadie a ciencia cierta sabe quien fue el primero en salir de Zirándaro a buscar la vida por si mismo, la verdad es que eso no importa, lo cierto fue que al desgranarse la mazorca, abrirse el camino y hacer brecha, los demás empezamos a volar y ha andar por esa vereda llena de precipicios y voladeros. Sólo Ellos y nosotros sabemos del camino los que tuvimos que pasar por el ojo de la aguja, los que descubrimos el mundo solos, los camineros. ¿Quién sabe cuántos? se quedaron en el intento y se apegaron a la tierra nuestra, por el temor que causaba lo desconocido y el miedo de enfrentar el hambre, el desamparo y el posible sufrimiento que nos esperaba en las grandes metrópolis a don de fuimos dar, lugares tan apartados de nuestro origen, pero pudo más el ánimo de triunfar, porque fue éste el que nos impulsó hacia adelante que el desánimo de quedarnos a seguir siendo los mismos. Sé que algunos por no decir la mayoría de los que se quedaron, aún se arrepienten, porque no encuentran las respuestas que buscan, ya que no cuentan con los elementos de comparación entre lo que existe adentro y lo que hay afuera. Sin embargo, cabe aclarar que los que salimos disfrutamos en el exhilio y a cada monento lo nuestro, las costumbres, los recuerdos, el pueblo y nuestras vivencias dentro de él, su gente, en cambio los sobrevivientes, héroes consentidos, se han empalagado de lo nuestro que lo han ido perdiendo todo, poco a poco y día con día, al grado tal que incluso hoy, ya no logro reconocerlos y eso me duele, porque con ello también voy perdiendo parte de la esencia que me compone, esa que ha hecho que vuelva año con año desde que salí de esa entrañable tierramia. Salí en la madrugada grande, me recuerdo que hacía mucho frío y en aquellas redillas de la camioneta Willi´s de los Pineda, dejé mi infancia marcada como seña perpetua de mi aún descontento, si pudiera expresar con palabras lo que sentía y todavía siento al recordar ese instante estacionado en el ensimismamiento que me provoca ubicar en el tiempo, esa circuncisión prematura que tanto me desgarra el alma, porque no decir que me hace llorar, porque me lastima lo más sangrado. ¡Dejé de ser niño a las 6 años! las circunstancias adelantaron la víspera y desfloraron mi infancia, clara transparente y viváz...No conocía otra región más grande y lejana que "La Calera", ignoraba en ese entonces que existiera el planeta tierra y sus continentes, desconocía el mar y sus confines, ya que nunca había ido más allá de la Hacienda del Licenciado González. Y al verme arriba de aquella camioneta caminando por la oscuridad, llena de sombras y figuras extrañas, sollozando me limpiaba las lágrimas edl llanto causado, por el desprendimiento del seno familiar, sentí como salía de mi pecho desgarrado la imagen ed mi niñez y se perdía por toda la sierra de Pandacuaréo, donde todavía cuando paso, la busco sin poder rescatarla un rato tan siquiera para un respiro, pero de seguro se encuentra escondida en lo más recóndito de sus encumbradas barrancas. Como me resistí a dejat todo, me arrastraba por el suelo oponiéndome a que me subieran a la dichosa camionetaque hacía el servicio de transporte hasta Pungarabato (Hoy Ciudad Altamirano), donde me esperaba mi destino sentado y cruzado de manos, yo mientras tanto, me aferrada haciendo que aquella escena se tornara ridículo, para los pasajeros que la presenciaban. Mi madre me consolaba con no sé cuántas palabras de cariño, pero yo ya estaba lejos de allí, traía ya en el pecho clavado el puñal del destino, marcado como un dibujo en la cara, mi condición de mortal no alcanzó a decir adios a nadie, el único que intuyó los rumores de mi despedida fue el perro viejo aquél que vigilaba el sahuán de la casa, todavía escucho uno a uno los murmullos de los grillos, como algo que no quiero recuperar, ni guardar un instante, porque esos hechos fuera de tiempo hacen que me divida, buscando algo impreciso, recuerdos incompletos que quedaron escondidos entre las plantas del corredor, pero los lampaces no dieron respuestas al temblor que rpovocó mi huída y en cada pilar se integraban las sombras de la madrugada grande, mientras el temor de la partida me atormentaba, surgió dentro de mi ese dolor oscuro que hace que cualquier hombre llore cuanti más un niño. La madrugada traía colgada un aire especial ese día, se alejaba meciéndose en las ramas del almendro lleno de pájaros que aún a la deriva advertí, sentí como se caía el mundo, como se me echaba encima, quedó ese instante detenido, que las gentes husmeaban por las rendijas tratando de oir algo, su curiosidad salía por las ventanas...es un guache exclamaban, pero yo chillaba has de cuenta una gata en brama, mis gritos se escucharon hasta las ciénegas, me ahogaban las fuerzas, los misterios se encondían por toda la casa, la luz de la luna corría escandalizada reclamando el derecho que me asistía para quedarme, en un vaso la veladora chillaba y en su letanía pedía en oración que el sacrificio no fuera en vano, yo ajeno de mi propio ruído escuchaba lejanas las campanadas que llegaban de la torre de la iglesia, remontando la calle solitario, mi vida se apareció de repente, oía caer palabras como un ejército de cures arriba de mi, me aferré a aquél sahuán que me veía entrar y salir todos los días, como si él impediría que me llevaran, como si él opondría resistencia, tanta como la mía. Nadie más oyó mis gritos melancólicos que aquella madrugada, haz de cuenta que me iba a la guerra y que no volvería nunca, lo cierto es que efectivamente nunca volví a ser el mismo...al ir descubriendo el mundo, hizo que el corazón se tiñera de manchas oscuras que antes no tenía...perdí la inocencia tratando de buscarme, y encontré la parte externa del mundo, recibí duros golpes, porrazos, desengaños y traiciones..me crié entre los malos y aprendí las mañas, traté incluso en un tiempo de esconderme de todos.. pero nada hizo detenerme, lo bueno es que no fuí el únido, fuimos varios que nos acompañamos y fuimos hermanos de dolor y sufrimiento..nada detiene al caminante, porque es más grande el ánsia de llegar que de eseprarse, el que detiene el paso se queda y es olvidado, más vale ir a la par con los caminantes, la competencia es buena si es leal, es bueno llevar compañeros en el camino y más cuando no se conocen los vericuetos y las brechas de la senda. Que malo es no saber ni conocer y más reconocer tu lado ciego, fase oscura de la luna..bajamos alo más profundo de nosotros mismos, desprendiéndonos de todas las imprecisiones de los sentidos y la imaginación...hay cosas buenas aún rn lo malo, la fortuna favorece a quienes se atreven, las penas fueron algunas y no había compensaciones, nos hicimos personas y ciudadanos responsables, sin alegorías luego desnutridos, flacos y desorientados, terminamos nuestros estudios, cada uno con sus propios medios, sufrió de distinta manera, cada quien podrá contar su historia...que sea el corazón quien nos juzgue, sus señas de identidad nuestro más legítimo consuelo..hoy en que se dá la culminación de nuestros afanes nos damos cuenta, donde se corrió la grieta que se abrió en el corazón aún no apaciguado..lo más delicioso es alcanzar lo que se busca, hay que ir hasta los límites para reconocernos...Un reconocimiento pues para aquellos padre universales que nos brindaron hermandad, cobijo y sustento, corresponderá mi deuda eterna para esos grandes señorones que me brindaron su apoyo incondicional: Don Remigio Pineda Damián, Ramiro Mendoza, Homero Ortega, Geminiano y Pedro Pineda Aguirre, Fanny Pineda, Teobaldo González Palacios (esposas e hijos) y todos tantos (perdón por los que se me olviden en este momento). Dejamos aquellas casas llenas de fantasmas a raíz de nuestra partida, pero nunca perdimos el orden del universo, el prestigio humilde de nuestros nombres vibra en el imaginario lente del recuerdo, en el de aquellas viejas familias que dejamos por salir a encontrar el futuro que nos aguardaba, nadie a ciencia cierta sabe cuantos fuimos y lo que ha ocurrido con nosotros todos, quedé pues aquí la semilla zirandarense desperdigada por todo el mundo, para ellos mis recuerdos eternos. 

AUNQUE NO QUIERAS

​Si no quieres que vuelva a ti ¡Que tanto extraño! deja que muera sin sentido...mi corazón huraño. Si quieres que olvide tu nombre...no lo olvido lo recuerdo, lo nombro...lo bendigo.Si no quieres que tenga tu cariño mátame dormido cada vez que sueño. Si no quieres que te mire...como te miro devuélveme las quimeras...hoy que respiro. Si no quieres que te ofrezca mi regreso libera de una vez mi corazón preso. Si no quieres que abandone esos fulgores abre las mañanas felices del entonces. Si no quieres que el tiempo cierre la historia tápame la boca y los oídos...más no la memoria. Si no quieres que derrame esa alegría bríndame una tarde como cuando eras mía. Si no quieres que el mundo se entere del adios no le cuentes a nadie lo que hubo entre los dos. Si no quieres que me vaya y de tí esté distante espérame, regresaré...como el mejor de tus amantes.Si no quieres que quiera... que te quiera si eres la mejor mujer...¿oh madre tierra!...mi compañera 

INSIGNIFICANCIAS NATURALEZA MUERTA

​Milpa seca de husma, convertida en rastrojo, y en elote pushcua. BOSQUEJO Montesillo de frondas, espesura de palos huecos, sombral que se torna baraña. TUNDA Arte del que Zurra, y zurra bien, sin consorte dl tundo. PAÑO Pinto blanco o colorado, huaco de todos colores, piel en vitiligo.FLOR DE SAN NICOLAS Al santo patrón honras, con esa belleza tal, de flor espontánea.CHUMATA Hervor de huingures sacrificadas, color de sangre y carne dulce, que arrebatan su lugar a las Poroches. MANACATA Zoquitera decalabaza horneada, que derramas miel de panocha, en la espesura de la leche bronca. POCHOMATA Memela ardiente y esponjada, chillante sales al encuentro, del poche de leche con sal. TOQUERE Omelet martajado de buen elote, con un pedazo de queso fresco, rindes tributo al chile en molcajete. NIXTAMAL Nejayo convertido en machihue, jícara llena de testales apachurrados, que terminan en el comal sacrificados.GUILOTA Tiuta visitante de mis potreros partícipe de la husma de ajonjolí, tortolita baila un son. TECUCHE Fábrica de miel para chancharras, manjar de los más jodidos, de alma prieta y en pena. SACUAL Huaje en su exacta medianía, vestido de colorado intenso, sacias mi sed con agua de tinaja. PILINQUE Pellejo pálido de sancochado, que acompañado de Zihuaquio, haces honor a las once.HUANCHIPO Trapo viejo hecho liacho, de Sóstenes, sostienes los chiquihuites.CHICOL Palo enjuntado al carrizo, que bajaste más de una vez, la fruta que no pude alcanzar. HUILILE Nidal de garras descontinuadas, que una vez fueron vestido, donde hoy se posan las rodailas.(gallinas) PICHA Zarape de lana a cuadros, que me apartaste del frío, en aquella cama de otate. CUERA Capa chinaca y coqueta, que engalanas la monta, al paso de la guanancha. QUERENDERENICUA Querenda silvestre y desconocida, posas china de violeta ante el paso del arriero. ZURUNDANICO En cañuto fuiste bocado, que apaciguras el hambre, al gruñir de las tripas. APARICUA Bejuquera enreda huacas, que a borde de paredón, adornaras los bajiales. HUACHE Precosidad ingenua y traviesa, que explora y descubre los secretos, con el instínto de la nobleza

ZIRANDARO

​ Mesopotamia calentana y tarasca, tierra bravía y requemada, donde dieron nombre al Balsas. SAIBA Ziranda de mil semblanzas, que honras al pueblo mio, y al río de las Balsas. ZIRANDARO EL PUEBLOZiranda higuera inmortal signo tarasco de mi pueblo representas la libertad, lo noble y lo preciso eres el testimonio que nos ubica el símbolo de nuestra procedencia donde habitan los cantares que nos identifican y transmutan nuestras costumbres. Zirándaro pueblo y patria el solo mencionarte nos conserva nos ilumina como si fuera una obsesión tu nombre visto por el perfil de tus hijos eres un solo tronco familiar el árbol genealógico de los etigmas que se abrió en 14 ramas nacido de dos sepas divergentes José Francisco Pineda y María Gertrúdis González meramente evocados como los patriarcas de la comarca aunque ahora solo sean recuerdos. Zirándaro ¿cuántos de tus hijos fueron menos importantes? y salieron llorando de tus entrañas muriendo de nostalgia al planear su regreso hojarascas arrastradas por el viento héroes anónimos que hoy lamentamos como irremediable su pérdida ráfaga que la memoria sacude las víseras y enlutese el alma en el palpitar del pueblo de las saibas. Pueblo nuestro salí como un desconocido de tus lares habiendo habitado la planicie de tus llanos emigré a la región de las alturas buscando nuevos destinos lloré con la humillación de aquellos cerros me entristecí con la exaltación de tus dos ríos junto al niño que se iba en mis batallas vestías como todo un guerrero resucitabas en cada sueño me envolvías, me arrastrabas en la nostalgia en mis victorias aparecías a mi lado izquierdo después me embriagaba de ti como una emoción cotidiana uniendo el recuerdo de ayer y ante tu natural manera de ser fui labrando mi alma en comunión profesé tu nombre como religión sin hablar de sangres porque soy de los que sueñan en el retorno sin fiarme demasiado por si entonces no estuvieras vivo para mi. Zirándaro veo recostarse sobre tu manto azul el espectro de Edmundo Macedo iluminado quizá por mi regreso aún es temprano para volver deja arrepentirme deja cerrar los ojos otro rato permíteme tocar la herida que yo comparto tus dolores no fui justo equivoqué mis pasos la emoción del ser me llevó por sus caminos descrubrí el mundo a pedazos fui un pueblerino solitario que aprendió luchando y en su vuelo entreabierto como los antiguos zirandarenses derramé tu canto. Zirándaro rincón lleno de cicatrices donde el sol planta sus rayos buscando en la luz tu nuevo destino tus casas blancas se descarapelan se hacen viejas por el tiempo nuevo rien uno a uno tus mejores momentos como un espejismo de ilusión continua el pasado se confunde en un instante como una ola de calor de mayo mientras en el río se escuchan los latidos de aquella época enamorada la misma que se esconde en los pozos de agua se deja sentir a esa hora de la mañana en que los pericos hablan y la tarde bosteza en mi recuerdo. 

 LOS PALOS DEL MONTE

Me prende el olor de ilama que de tecuche se pinta las hijas de la cacamicua de las querendas se burlan mi pelo chirimo de chucumpúz se revienta y la nantze de períco de atúz y atato despierta el tumbiriche borracho se escalda con el capire y el corongoro manchado de pitaya y de pitire se pasó pa´l otro lado a buscar a los huicumos y al visitar los arrayanes lo corretearon los burros allí estaban los pinzanes comiendo tunas y anonas se enojaron las huingures porque invitaron las bobas pero dicen que las cures fueron las meras ganonas también allí arribaron los famosos cuajilotes las tokeres y huchepos rondaron los zopilotes que andaban buscando un muerto pero fueron los bonetes los que espantaron la andancia y el poporo en su arrogancia con ese tono alcahuete resucitó al camé que estaba junto al pochote el escobetillo pelos de elote fue al que ya no alcancé pues se fue con el cueramo el paraiso y el ilamo gritaban muy barranqueño traiban en la mano un leño creo que era palo de brasíl y la flor de ajonjolí se perdía en el tabachín, el zurundanico sólo vino a acompañar a los huajes el cirián llegó de traje pero olia a zicuas de espino y aunque llegó my pachuco se juntó con las apáricuas que venían ne su bejuco y aquí se acaba el corrido de algunas frutas del llano ya me voy en mi caballo relinchando hasta mi ejido.


ESCRITORES